La historia de TUDOR no la ha escrito la marca, sino usted a través de estos últimos 100 años. TUDOR ha estado presente en todas las etapas, pero no como protagonista, sino como testigo. Ha sido testigo de sus obstáculos y de sus triunfos, de los riesgos que ha tomado y de la voluntad de romper con lo convencional. Usted es el protagonista. Quien ha construido TUDOR desde hace un siglo. Un reloj no puede escribir la historia, pero las personas valientes sí que pueden. Durante un siglo, los relojes TUDOR han acompañado miles de muñecas. Y a través de ellas, han vivido millones de vidas. Algunos prefieren seguir lo establecido, usted se arriesga.
Esto es lo que nos diferencia.
Es lo que sustenta a TUDOR o, como nos gusta decir, «Born to Dare».
Es por lo que lleva un reloj TUDOR.
Los felices años 20
Hans Wilsdorf, fundador de Rolex, tuvo una visión: crear una marca de relojes que, en sus propias palabras, propondría un control preciso del tiempo y precios moderados. Así es como nació TUDOR. Registró el nombre «The Tudor» en 1926 y el 17 de febrero apareció en el registro público. Los primeros relojes de TUDOR se produjeron ese mismo año, con una «T» larga que se extendía por encima del resto de la tipografía.
TUDOR surgió durante una época de crecimiento económico sin precedentes y de puro optimismo. Este periodo se conoce como los felices años 20. Se alcanzó la plena capacidad industrial, el automóvil aportó una facilidad de movimiento no conocida hasta entonces y la radio nos mantuvo informados. Las películas tenían sonido. Steamboat Willie, el dibujo animado que acabaría convirtiéndose en Mickey Mouse, aparecía en las pantallas de todo el mundo. Era una época marcada por el optimismo desenfrenado y, con él, el cambio. TUDOR nació en este auge de la innovación. Los progresos sociales requerían llegar a tiempo.
La Gran Depresión
Todo auge culmina en una crisis. La economía mundial pasó de la prosperidad a la incertidumbre en la década de 1930. Solo unas semanas después de la caída en picado del mercado bursátil, la incipiente marca TUDOR registró el nombre «Ranger». La Gran Depresión no impidió que Wilsdorf cumpliese su misión para la marca. TUDOR se distribuyó por el Commonwealth y Europa. Logró desarrollarse proponiendo un reloj asequible incluso en las épocas más duras. TUDOR rediseñó su logo para incluir la rosa de Tudor, un símbolo de la Casa de los Tudor, una dinastía británica que escribió la historia de Inglaterra.
Un escudo rodeaba la rosa de Tudor y esta simbología reflejaba la visión de Wilsdorf para el reloj de muñeca: una rosa, que representaba el talento micromecánico de la ingeniería, rodeada de un escudo, protector y defensa frente a la adversidad. La rosa es el movimiento y el escudo es una caja firme de metal. A pesar de las dificultades, en esta década se hizo historia en el mundo de la aviación gracias a la marquesa Negrone, amante de TUDOR y aviadora pionera.
Tiempos de guerra y reconstrucción
La Segunda Guerra Mundial dominó la década de 1940. Muchas empresas desaparecieron, pero TUDOR, como tenía su sede en la neutral Suiza, continuó sus operaciones incluso durante el conflicto mundial. Tras el final de la guerra, se realizaron esfuerzos para reconstruir lo que se había perdido; la demanda de un reloj de pulsera fiable a un precio asequible se disparó.
Gracias al uso de la famosa caja hermética «Oyster» y la mejor tecnología de manufactura, los relojes TUDOR fueron la opción predilecta de aquellos que buscaban un reloj que aguantase condiciones intensas. En 1946, TUDOR se estableció como empresa independiente separada de su marca asociada. También durante este periodo TUDOR expandió su red mundial y ofrecía ahora relojes en Estados Unidos.
La década de los pioneros
TUDOR ganó velocidad en lo que a tecnología de manufactura se refiere y entró en la década de 1950 con el Oyster Prince, un reloj de muñeca automático y robusto, que era capaz de lidiar con entornos hasta entonces imposibles para los relojes de la época. El reloj se puso a prueba durante dos años en el casquete polar, como parte de la intensa «British North Greenland Expedition» de 1952-54. La década estuvo marcada por numerosos hitos.
Fue la década de la exploración, la innovación y la conquista. Jacques Cousteau, entre otros importantes pioneros, abrió el mundo subacuático a las masas gracias al submarinismo; por su parte, varias marinas a nivel mundial empleaban esta tecnología puntera. TUDOR lanzó su primer reloj de submarinismo en 1954 y la Marina Francesa comenzó a utilizarlo al poco tiempo. Un ejemplo famoso fue el modelo que Jacques Cousteau le regaló a su segundo comandante, que buceo con él durante sesenta años.
Nuevas fronteras
Hans Wilsdorf falleció a los 79 años en 1960, pero su misión perduró. TUDOR creció significativamente y entró en China en 1967. Para entonces, ya conocía la fórmula de la asequibilidad combinada con la calidad, por lo que ofrecía una gama de relojes de submarinismo que empleaban los mejores profesionales de la exploración y la experimentación submarinas.
Los equipos Tierra, Mar y Aire del ejército de los Estados Unidos (SEAL, por su acrónimo en inglés) fueron las primeras fuerzas navales en usar los relojes de submarinismo de TUDOR. A través de grandes contratos con la Marina estadounidense, TUDOR también participó en la experimentación en hábitats submarinos, especialmente el programa SEALAB, que superó los límites de la humanidad. Los relojes TUDOR estuvieron igualmente involucrados de forma indirecta en la exploración espacial y el alunizaje, ya que los submarinistas de la Marina estadounidense y los paracaidistas de rescate aéreo de la Fuerza Aérea estadounidense, dos unidades cualificadas para operaciones de submarinismo conocidas por emplear los relojes TUDOR, utilizaron sus relojes durante el programa de recuperación de la cápsula espacial.
Bienvenida la era tecnológica
Los relojes de cuarzo invadieron el mercado en la década de 1970, lo que colocó a la mayoría de empresas relojeras suizas en una situación precaria. Esto ocurrió en paralelo a la fundación de muchas de las empresas de «big tech» actuales. Se creía que marcaría el fin de los relojes mecánicos, pero TUDOR se arriesgó y lanzó el primer modelo de cronógrafo equipado con un movimiento de cuerda manual en vez de pilas.
Fue una apuesta en su momento, pero mereció la pena cuando el cronógrafo penetró en el mundo del automovilismo. Mientras tanto el TUDOR Watches Racing Team dominó las pistas de Asia con el puntero Porsche 906 entre otros coches de competición de ruedas descubiertas, ganando carreras y haciéndole competencia a grandes referentes del deporte. El éxito se prolongó más allá de la década de 1970 en las clases de ruedas descubiertas y otros tipos de carreras de resistencia.
El aumento de la informática personal
Como respuesta a los gustos de su tiempo, una época en la que la disparatada idea de tener un ordenador en casa se convirtió en una posibilidad real, TUDOR lanzó el modelo Prince Quartz, pero la mayoría del catálogo siguió siendo mecánico. Los relojes de cuarzo nunca fueron un elemento definitorio de la identidad de TUDOR, a pesar de un breve periodo de experimentación.
La Guerra Fría se estaba descongelando, pero la demanda de suministro de las marinas de todo el mundo seguía siendo elevada, por lo que TUDOR dio respuesta. Los relojes TUDOR los lucieron en sus muñecas astronautas, atletas de élite y artistas. También era la primera vez que TUDOR aparecía en el «Rally» Dakar en la muñeca de una princesa europea que acudió a la carrera. Llevaba el primer reloj de submarinismo TUDOR diseñado para mujeres.
La World Wide Web
Tras la caída de la Unión Soviética y la redefinición del mapa de Europa, surgieron nuevos mercados. No obstante, tal vez una de las fronteras cúlmenes fue la aparición de la red informática mundial (World Wide Web, en inglés). En el entorno de la relojería, permitió que grupos de entusiastas charlaran acerca de los nuevos relojes y, en algunos casos, de su pasión por la marca.
En TUDOR, se continuó realizando desarrollo de producto y se amplió el objetivo principal de la marca, los relojes de submarinismo y los cronógrafos. Un atrevido joven golfista se unió a TUDOR como primer embajador de la marca. Un cronógrafo de referencia que llevaba su nombre se añadió al catálogo junto a un abanico de cronógrafos coloridos y de relojes de submarinismo que siguen siendo básicos del mundo del coleccionismo TUDOR en la actualidad.
Efecto 2000 (Y2K)
El Efecto 2000 no tuvo el impacto negativo que el mundo anticipaba y no afectó en absoluto a los relojes mecánicos. No obstante, poco después del final de dicho error, se produjo el retorno de una crisis económica mundial. TUDOR se encontraba en una posición favorable porque nunca abandonó su misión principal: ofrecer el mejor reloj al mejor precio.
A pesar de la recesión, TUDOR continuó innovando y lanzó el Hydro 1200, una referencia que contaba con la proeza de una hermeticidad de hasta 1200 metros. La marca también se implantó en China, donde los relojes se convirtieron en los favoritos de los aficionados. La década de los 2000 fue un periodo de grandes cambios, con el aumento de la globalización, que definió la manera en la que las economías de las naciones interactuaban entre sí. La industria relojera suiza vivió un gran crecimiento durante esta época.
La era de las redes sociales
Facebook e Instagram cambiaron la manera en la que nos mantenemos al día. Empezamos a estar más interconectados que nunca. En TUDOR, se lanzaron el Black Day y el Pelados, dos pilares de la moderna marca TUDOR. TUDOR retomó referencias del pasado y creó una línea de Black Bay que se ha convertido en un icono.
Además del Black Bay, TUDOR diseñó el Pelagos, un reloj de submarinismo que tenía las miras puestas en el futuro en cuanto a los materiales y la tecnología, pero prevalecían los valores de reloj herramienta con los que la marca había consolidado su reputación. Estos dos modelos definieron el crecimiento de la marca en este periodo y se actualizaron con calibres de manufactura en 2015. Por supuesto, las noticias volaron en las redes sociales.
Los relojes se convierten en algo convencional
Tiempos convulsos, que se pueden resumir con cinco letras mayúsculas: COVID, afectó a todo el planeta y con él surgió un interés masivo por los relojes. Los relojes pasaron de ser una afición de nicho a convertirse en algo convencional.
TUDOR inauguró una instalación de manufactura localizada en Le Locle, que adquirió por completo en 2023; esto permitió la certificación METAS, así como la combinación perfecta entre «savoir-faire» humano y eficiencia tecnológica. También se generalizó el uso de la IA, lo que transformó la manera en la que trabajan y piensan los humanos. Y seguimos haciendo historia en 2026, celebrando el centenario de TUDOR.